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Converso con mi madre en la cocina
Hoy es mil novecientos setenta y nueve. Hoy es diciembre. Hoy es Cuba. Matanzas. Volviste con un sombrero beige, un traje sastre, una mirada que redescubrí dentro de la congregación del aeropuerto. Por encima de los hombros, las cabezas, las sombrillas de todos los ajenos. Es decir, por encima, por debajo, por dentro de aquella multitud de mis hermanos, los que vinieron como yo ...................a esperar (te) ...................a besar (te) ...................a llorar conmigo.
Ha caído la noche y junto al campanario este balcón ajeno para ti, desde donde puede verse la bahía plateada como un espejismo en el desierto, condenado a partir. Partir sin saber, sabiendo a ciencia incierta. Partir en dos tu cuerpo, el mío para que viviésemos como medias naranjas agrias destinadas a enjugar platos ajenos.
Y junto al campanario hablamos de los muertos. Y junto a la cocina, el agua, agua salada, azul, saliendo por la pila, bautizando las conversaciones. Agua salada, azul, agua de sirenas y de ahogados. Agua de mar saliendo por la pila. Agua de mar del muro. ..........................Y tu mitad perdida ..........................y mi mitad perdida. Hacen un solo cuerpo ..........................abierto, ..........................extraño, ..........................ajeno. Cuerpo de mar, de muro de agua donde ..........................flotan, ..........................pasan, ..........................mueren los barcos que nos prometieron tantas cosas.
envio abel fagundo- Las aguas de la isla. Selección Poética.Revista Mar Desnudo...
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